El verano pasado, yo participaba en un programa llamado “Océano por la Vida.” Alguien tuvo la idea para el programa después de la choque de 9/11 y la situación complicado de cultura que seguía la desastre. Por lo tanto treinta estudiantes de colegio, quince del norteamericano y quince del medio este, encontraron a Washington D.C. por cuatro días y luego fueron al norte de California por dos semanas. Estaba un miembro de ese grupo. Los gobiernos de algunos países escogieron sus representativos. Otras sufrieron entrevistas intensivos y pesados para estar aquí. Pero durante esos primeros días en D.C., los grupos culturales estaban separados. Conversaciones estaban superficiales y preguntas sin respuestas nos siguieron a través del museos y el capital. Al final, en California, todo tuvo que devenir más abierto. Eventualmente, nosotros discutíamos cosas muy sensibles tal como los derechos de mujeres de Saudí Arabia. Pero yo recuerdo muy claramente el primer día en California. Estábamos en un bus después de salir el aeropuerto y todo circa de yo hablaban muy rápido en arábica y todos estaban extranjeros. La chica al lado de yo llevaba una bufanda sobre el pelo. Por la primera vez de mi vida, nada parecía familiar. De repente a mí me sentí extranjera y solo, y tuve choque cultural en mi propio país. Yo miré a la chica al lado de mi y me pregunté ¿Quién está? ¿Qué está en su cabeza? Todavía me pregunto de estas cosas sobre mis amigos de Bahrain, Egipto, o Murruecos. Pero ahora estas preguntas son mi inspiraciones para aprender más y comprender mejor otras culturas.